México es un país de viajeros, aquellos quienes nos visitan
para quedarse un tiempo o para siempre en estas tierras y aún más numerosa, nuestra
propia gente que se ve obligada a buscar el destino más allá de nuestras
fronteras. La inmigración en nuestro país es una contingencia emergente y que
en el siglo XXI genera procesos de ansiedad y estrés nunca antes vistos;
actualmente mueren 1000 personas al año tratando de cruzar la frontera, los
inmigrantes centroamericanos viven vejaciones y penurias a su paso por el
territorio nacional.
Ante esta emergencia
es necesario hacer conciencia sobre lo que se vive al emprender la
marcha hacia “el otro lado”. Por eso, se ha creado un cuadro de características
sintomáticas y malestares que popularmente se ha llamado síndrome del inmigrante o síndrome
de Ulises, en evocación al protagonista de la obra griega La Odisea. Este síndrome se propicia
como resultado de una serie de factores estresantes como el hambre, la
deshidratación, la sensación de inseguridad y miedo al entorno, el temor a la
muerte, la falta de vivienda, alteraciones en la calidad del sueño,
hacinamiento, agresión física, psicológica y sexual, humillación, fracaso en
cruzar la frontera y un larguísimo etcétera.
Las manifestaciones clínicas pueden confundirse con las de un
cuadro depresivo severo, por lo cual debe hacerse un estudio profundo de cada
caso particular. Generalmente los síntomas del síndrome de Ulises son:
Rasgos depresivos: Tristeza, sensación de indefensión,
fracaso, llanto, sensación de culpa, e ideas de muerte constante.
Rasgos de ansiedad: Tensión, nerviosismo, ideas
inquietantes recurrentes, no es posible concretar un pensamiento claro,
irritabilidad e insomnio.
Somatización: Incluye dolor de cabeza difuso y
sensación de fatiga constante, se puede mezclar con problemas digestivos como
diarrea, gastritis y colitis. Pueden presentar una sensación de nausea que los
invade todo el día.
Problemas cognitivos y
de confusión:
Disminución del rendimiento de la memoria a corto plazo, en la focalización y
sostenimiento de la atención.
Los síntomas van desapareciendo poco a poco sobre todo
aquellos confesionales, sin embargo hay otros síntomas como la ansiedad y el
estado depresivo que pueden incluso ser permanentes, de ahí la importancia de
la correcta intervención psicosocial para esta población.
Los inmigrantes viven en un estado psicótico permanente
durante su travesía, tratan de ser invisibles para no ser repatriados, se viven
fragmentados por el choque cultural sin la posibilidad de una elaboración sana
de lo que ocurre en su nueva realidad.
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Psic. José Luis Ramírez Esparza
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