lunes, 2 de marzo de 2015

El perro de Pavlov

El recorrido de la ciencia experimental  ha involucrado el uso de animales, que por su naturaleza análoga a la fisiología humana –e incorruptible silencio- le permiten aproximar su respuesta mecánica a lo que  sucedería con un ser humano.  Por supuesto, no son anónimos y son parte de la memoria científica, tal como la perra Laika, pionera de la exploración espacial, Dolly la oveja o el hipotético e imaginario gato de Schrödinger. 

En psicología, el perro de Pavlov tiene su lugar bien ganado en el Panteón de sujetos experimentales ilustres.

Ivan Pavlov (1849-1936)-el dueño del perro- fue un reconocido científico ruso, destacado por sus investigaciones en la fisiología del aparato digestivo. Dentro de sus curiosos e ingeniosos procesos de investigación logró, gracias a su prodigiosa habilidad quirúrgica, extraer una porción del estómago del perro sin dañar un solo vaso sanguíneo, ni la funcionalidad nerviosa del mismo. Con esto, el podía tener bajo observación el estómago exterior, descubriendo las implicaciones neurológicas involucradas en la pre-digestión y digestión.

En dicha situación, complementariamente comprobó que al poner comida en la boca del perro, éste producía salivación como  reflejo. Pero lo interesante es que el perro salivaba con la simple presencia visual de la comida, el olor o incluso percibiendo a la persona que normalmente lo alimentaba. Este hecho, hizo suponer a Pavlov, que podría haber un estímulo neutral como una campana.  Así, durante varias semanas él tocaba una campana antes de alimentar al perro, consiguiendo que el perro salivara al sólo escuchar la campana.



Este curioso experimento, llevo el nacimiento de la ley del reflejo condicionado. Cambió en gran parte la forma de observar la conducta de los mamíferos – incluyéndonos-, al observar la reactividad de estímulos incondicionados (como la comida) e incondicionados(neutrales, ej. la campana).  A partir de entonces, estos experimentos devinieron en teorías de conductismo clásico, posturas experimentales del desarrollo en infantes, modelos educativos, de clínica mental y psicoterapia. La elaboración compleja de este proceso estímulo-respuesta abrió, incluso para el propio Pavlov, el desenvolvimiento de diversas variables implicadas, que claro, otros investigadores y estudiosos retomaron entusiasmados.

Aún hoy, esta postura experimental  conductual es considerada por sus  condiciones metodológicas y de medición de resultados, una de las áreas más estrictamente científicas de la psicología.  Como toda postura científica radical, la herencia de Pavlov es cuestionada y refutada, sobre todo en su finalidad terapéutica. Y al mismo tiempo, en la cultura popular su imaginario tiende a ser más bien negativo. Basta recordar a Alex de Large, siendo torturada por científicos pavlovianos en el filme  La naranja mecánica (1971) para comprobarlo.

Al final, siempre es polémico el uso de animales en experimentos de cualquier tipo, sin embargo, no se puede negar el gran aporte que realizan y aunque sea como simple homenaje a su sacrificio, recordarlos de forma cariñosa.  

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Psic. José Luis Ramírez Esparza





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